Crónica: Elisa Ferrer y Pedro del Río analizan '4 meses, 3 semanas, 2 días' · Cine Club Casablanca Valladolid

Elisa Ferrer y Pedro del Río analizan '4 meses, 3 semanas, 2 días'

CRÓNICA · SESIÓN 212 · 11 MARZO 2024 · T28
Publicado el 12 de marzo de 2024
Elisa Ferrer y Pedro del Río analizan '4 meses, 3 semanas, 2 días'
La escritora y guionista Elisa Ferrer y el productor vallisoletano Pedro del Río tras su participación.

El pasado 11 de marzo de 2024, el Cine Club Casablanca proyectó 4 meses, 3 semanas, 2 días (2007). La sesión contó con la participación de la escritora Elisa Ferrer y el productor Pedro del Río, quienes articularon un análisis cruzado entre el rigor en la construcción del guion y las costuras de la puesta en escena de Cristian Mungiu.

La película sitúa al espectador en la Rumanía comunista de los estertores del régimen de Ceaușescu, siguiendo el laberinto clandestino de dos estudiantes para conseguir un aborto ilegal. Lejos de la recreación histórica de manual, la verdad material del film reside en su claustrofobia temporal. El título, según se desgranó en la sala, funciona como un contador de precisión: indica la duración exacta de la gestación y dicta el ritmo de un metraje rodado casi en tiempo real, sin apenas cortes de montaje.

Los ponentes desmontaron la maquinaria técnica que sostiene la tensión de la obra. Ferrer incidió en la estructura del guion, que opera bajo las reglas de un thriller seco, donde la violencia nunca se muestra de forma explícita, sino que se ejecuta mediante la elipsis, delegando la presión en los silencios y en el fuera de campo. Por su parte, Del Río desveló el armazón formal que apuntala ese hiperrealismo: una fotografía de tonos fríos que aprovecha la escasez de luz natural de los bloques grises de Bucarest y un diseño de sonido despojado de música, donde el ruido ambiental se convierte en la única banda sonora de la opresión estatal.

En el coloquio, la interacción del público recondujo el debate hacia la complejidad ética de los personajes, esquivos a cualquier juicio moral. Surgieron preguntas sobre el impacto de la producción en la propia Rumanía, lo que permitió a Del Río contextualizar la paradoja del largometraje: a pesar de coronarse con la Palma de Oro en Cannes, el film despertó un agrio debate interno en su país al levantar costras de un pasado reciente que la sociedad aún no había digerido.

La conversación con las butacas evidenció cómo la sordidez cotidiana de un villano reconocible -el médico interpretado por Vlad Ivanov- sigue interpelando al espectador actual. Una jornada fundamental para confirmar el valor de la pantalla grande a la hora de confrontar al público con el reverso más incómodo de la historia europea reciente.